Asociación AMOR

Children_sAsociación para Adopción Internacional y Reintegración AMOR fue creada el 7 de Agosto del 2003, después de la ratificación por parte de República Bulgaria del Convenio de la Haya sobre la protección del niño y la cooperación en materia de adopción internacional en 1993.

La Asociación para Adopción Internacional y Reintegración AMOR es una Asociación de personas físicas, registrada como persona jurídica sin ánimo de lucro para la realización de actividades de utilidad social con resolución No 8671 del 2003 del Juzgado de la ciudad de Sofía, departamento comercial, cuerpo judicial No. 7, e inscrita en el Registro central del Ministerio de Justicia de las personas jurídicas sin ánimo de lucro para la realización de actividades de utilidad social al Ministerio de Justicia bajo el No 20030821010.

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La Asociación AMOR fue acreditada para mediación en materia de adopción internacional por el Ministerio de Justicia con Autorización No. 134 del 30/04/2015, emitida por el Ministro de Justicia de la República de Bulgaria para la realización de mediación para los siguentes países: España, EEUU, Reino Unido e Irlanda del Norte e Italia.
La Autorización está vigente hasta el 30/04/2020.

 

Carta de una familia valenciana, que adoptó a su hija especial desde Bulgaria:

Para familias que son especiales, aunque quizá todavía no lo sepan.

Queridos amigos:

Nosotros somos una familia especial. Somos especiales, porque hace dos años tuvimos la inmensa suerte de adoptar a una pequeña princesa búlgara. Ésta es nuestra experiencia.

Empezamos nuestro proyecto de adopción como muchos otros. Una vez registrados en Bulgaria como solicitantes de adopción para un menor sano, nos preparamos para esperar la asignación, armados de paciencia, y sabiendo que teníamos por delante un buen número de años, con su montaña rusa de ilusiones y desesperanzas.

Habían pasado ya bastantes meses de espera, cuando las palabras “necesidades especiales” empezaron a cobrar importancia para nosotros. Ocurrió en un encuentro de familias adoptantes, al que acudimos convocados por nuestra ECAI. Aquella tarde, muchas de las familias que estábamos allí tomamos conciencia de que en Bulgaria había otros niños adoptables. Niños con circunstancias o características médicas que los hacía diferentes, y que necesitaban una familia en la que crecer. Cuando volvimos a casa, empezamos a hacernos muchas preguntas: ¿Podríamos nosotros ser la familia adecuada para uno de esos niños? ¿Podríamos llegar a satisfacer esas “necesidades especiales”, y además ser felices en el intento?

Os podéis imaginar que nos surgieron toda clase de dudas. ¿Qué características podríamos ser capaces de aceptar? ¿Y cuáles no? Era un tema delicado… Cuanto más mirábamos esa lista de “necesidades especiales”, más nos llenábamos de inseguridades y miedos. Entonces nos dimos cuenta de que nos estábamos equivocando. Lo importante no era determinar cómo debía ser ese niño o niña, para que pudiera encajar con nosotros. Lo que debíamos tener claro era lo que nosotros podíamos ofrecerle como padres. Al cambiar el enfoque, el miedo desapareció como por arte de magia. Cogimos papel y lápiz, y nos pusimos a escribir una lista con las características de nuestro perfil como padres. ¿Cuáles eran las cosas que sí podíamos hacer por nuestro hijo? ¿Cuáles eran las “capacidades especiales” que tenía nuestra familia”. Nos sorprendió comprobar todo lo que llegamos a apuntar. Fueron días intensos, en los que nos dedicamos a hablar mucho entre nosotros, y también a mirar cada uno en nuestro interior, para encontrar todo aquello que podíamos y queríamos ofrecerle a nuestro futuro hijo o hija. Cuando esa lista estuvo terminada, realmente nos habíamos convertido en una familia especial.

Todavía esperamos algún tiempo más, y finalmente llegó la asignación de una niña que encajaba con nuestro perfil de “familia especial”. La verdad es que la vida no le había puesto las cosas fáciles a nuestra pequeña. Pero ella jamás se rindió. Aguantó y luchó, con la misma fuerza y las mismas ganas de vivir que a día de hoy siguen maravillando a todos los que la conocen. Ella nos estuvo esperando, porque sabía, de alguna manera, que estábamos destinados a encontrarnos.

¿Hubiera sido más sencilla nuestra vida si hubiéramos tomado otras decisiones? Quizá si, o quizá no. Ésta es la vida que tenemos. A ratos es sencilla, y a ratos es un poco más complicada. Pero hay una cosa que sí tenemos clara: nuestra vida es infinitamente mejor desde que nuestra hija está en ella. Y al decir infinitamente, sin duda nos quedamos cortos.